Aunque se pueden considerar muchos puntos de vista, incluso el filosófico, conviene entender las razones por la que se cometen los fraudes, entre las que destacan:

  • Falta de controles adecuados.
  • Baja / alta rotación de lugares.
  • Documentación confusa.
  • Salarios bajos.
  • Existencia de activos de fácil conversión: bonos, pagarés, etc.
  • Legislación deficiente.
  • Actividades incompatibles entre sí.

Las razones anteriores pueden clasificarse en tres grandes grupos que constituyen la denominada pirámide del fraude y que son:

  • Se tiene la Capacidad.
  • Se presenta la Oportunidad.
  • Existe un Motivo justificativo.

En la lucha contra el Fraude únicamente se puede actuar contra el segundo factor, Oportunidad, ya que las otras dos son intrínsecas a la naturaleza de la persona.

Fraudes ha habido siempre y siempre habrá, incrementando su volumen en épocas de crisis, incluso suponiendo que las dos primeras variables, Capacidad y Oportunidad no varían, no pasa lo mismo con la tercera, el Motivo, ya que por una parte existen mayores necesidades financieras, al reducirse el acceso a los préstamos, y por otra las reducciones de personal pueden producir un efecto justificador de la acción que se comete.

Por lo anterior, las Empresas, especialmente en épocas de crisis, tienen que aumentar sus alertas en los dos ámbitos en los cuales pueden actuar, la Prevención y la Detección del fraude.

El problema radica a plasmar eso en la práctica, ya que en teoría la forma más sencilla de Prevención consiste en:

  • Mejorar el control administrativo.
  • Implementar prácticas y políticas de control.
  • Analizar los riesgos que motiven a un fraude.
  • Tener a los mejores profesionales existentes, bien remunerados y motivados.

Según la “Association of Certified Fraud Examiners” de los Estados Unidos, el personal que comete los fraudes sigue la proporción de la pirámide funcional de la empresa, ya que:

  • El 10% del fraude es cometido por ejecutivos de alto nivel
  • El 30% del fraude es cometido por gerentes
  • El 60% del fraude es cometido por el resto de los empleados

Para la labor de Detección es preciso tener en cuenta diversos factores que pueden proporcionar indicios que se está realizando un fraude, siendo los más útiles:

  • Existencia de patrones de comportamiento irregular.
  • Alertas disparadas delante determinadas acciones.

También se pueden utilizar otros métodos más tradicionales, como por ejemplo las “Denuncias anónimas”, pero se ha comprobado que son menos efectivos.

El problema de la Detección es que se actúa “a posteriori”, cuando el fraude ya se ha cometido al menos en parte, mientras que con la Prevención la actuación se produce antes de que el fraude tenga lugar con lo que no se produce ninguna pérdida.

Es preciso tener en cuenta que las pérdidas, tanto tangibles como intangibles (en especial las reputacionales) son mayores cuanto mayor es el tiempo en el cual el fraude se extiende, por el que es de suma importancia la existencia de alertas primerizas.

A pesar de que cada uno de nosotros pueda pensar que existe un perfil tipo de la persona que comete un fraude, estadísticamente está demostrado que cualquier empleado es susceptible de efectuar un fraude interno, siendo esta una situación impredecible. Esto es una premisa fundamental a tener en cuenta delante de la implantación de cualquier control, ya sea preventivo o detectivo.

Albert Salvador.

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