En cualquiera de sus categorías: apropiación de activos, corrupción, manipulación contable, uso de información privilegiada, etc., los delitos económicos han derivado en nuevas amenazas para las organizaciones de todo el mundo, los cuales conllevan un daño económico y reputacional a veces irreversible.

El aumento de los fraudes detectados y su alto impacto económico y reputacional han obligado a invertir en nuevas medidas de prevención para minimizar los daños. En este sentido, es crucial para las Organizaciones, diseñar e implantar un programa de gestión del Fraude y de la Corrupción, como elemento eficaz de prevención, detección e investigación de delitos. La mejor manera de evitar daños financieros, eventos de corrupción, de fraude interno y daños reputacionales, es implantar sistemas preventivos e instaurar una cultura ética.

En este sentido, el compromiso de la alta dirección es indispensable para instaurar un programa de gestión que, deberá constar, al menos, de los siguientes elementos:

  • Un órgano colegiado o unipersonal, dependiente del Consejo de Administración, que vele por la aplicación del Código de Conducta y sirva para procurar un comportamiento profesional, ético y responsable de toda la organización.
  • Un Código de Conducta o de Buenas Prácticas que defina los principios y valores que rigen las relaciones de la organización con sus grupos de interés (empleados, clientes, accionistas, socios de negocio, y proveedores) y que se implanta, se difunde y es aceptado por dichos grupos de interés.
  • Un plan de comunicación y formación para toda la organización.
  • Un programa eficaz de prevención, detección e investigación de fraude y la corrupción.
  • Un canal de denuncias, como vía de comunicación interna, que permita informar al órgano responsable, tanto de irregularidades de naturaleza financiera y contable, como de eventuales incumplimientos del Código de Conducta.

 

 

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