Los delitos económicos son el virus y en muchos casos la mayor enfermedad que puede tener una corporación. Solo hasta que nos enfrentamos a ellos, sabemos la dimensión y el fondo del problema ya sea porque la negligencia, indiferencia o irresponsabilidad que ayudaron a que un caso de fraude, colusión o corrupción tomará vuelo.

Todos aquellos que trabajamos en las áreas administrativas y contables tenemos en nuestros hombros la inmensa responsabilidad de proteger a las organizaciones de eventos adversos; sin embargo, muchos fuimos educados bajo la luz de la buena fe y la ética donde los delitos económicos no tienen cabida; por lo tanto, los crímenes contra el patrimonio económico eran de otra esfera. Pero hoy en día, hemos visto como el delito crece a pasos agigantados y en muchos casos concluimos que la falta de conocimiento financiero y experiencia fueron uno de los motivos que acentuaron las pérdidas por fraude.

Cuando vamos al médico esperamos que algunos signos vitales como la presión arterial, temperatura, peso, índice de masa corporal, entre otros, le proporcionen al galeno la primera estimación de nuestro estado de salud. Posteriormente, algunos otros chequeos le ayudaran a definir en ciertos casos que está sucediendo y si la sintomatología lo requiere debemos acudir a un especialista determinado para obtener un diagnóstico más preciso.

Igual que los médicos y expertos en las ciencias de la salud, nosotros como contadores y administradores debemos pronosticar los casos de fraude. Para ello se requiere educación y experiencia, tanto como un médico lo requiere para ayudar a un paciente. Nosotros tenemos la responsabilidad de adelantarnos al fraude para evitarlo y detectarlo, y en el peor de los casos investigarlo.

Es por ello que el análisis de los estados financieros, el diagnóstico financiero y las valoraciones se deben realizar en forma proactiva y anticipada. No debemos esperar un requerimiento legal o negociación para proceder al levantamiento de toda la información pasada y la proyección del futuro empresarial. Un buen contador y administrador usa la información contable y financiera para detectar que cifras han cambiado y cuales no se alinean a las expectativas empresariales; también, tiene la capacidad de formular indicadores financieros que relacionan diferentes cuentas para detectar movimientos inadecuados; así mismo, tiene la experiencia para esclarecer un error y verificar si hay fraude. Un buen profesional contable y administrativo tiene las cifras corporativas en su cabeza y nunca las pierde de vista. Cada día revisa aquellos indicadores que le ofrecen más confianza para evaluar el comportamiento de la empresa. Es por ello que el análisis financiero y el diagnóstico financiero son las herramientas básicas para escuchar una organización en sus números y evidenciar que aquellos que se salen del curso normal del negocio.

Un perpetrador o defraudador conoce perfectamente esta situación y para ellos es mucho más difícil cometer un fraude dado a la lectura día de los indicadores económicos y cifras. Un delincuente de cuello azul ama la oportunidad de cometer un fraude cuando los contadores y administrados no son los suficientemente educados y expertos para detectar situaciones anómalas. Prefieren empresas en las cuales los profesionales están altamente ocupados en actividades que no agregan valor a la empresa y no tienen educación sobre los delitos económicos. De ahí que un defraudador siempre quiere ayudar y participar en las actividades más simples para ocultar su delito.

Hoy los invito a reflexionar sobre nuestro role en la sociedad y nuestra responsabilidad como profesionales, y determinar que tan buenos somos interpretando los síntomas del caos financiero empresarial. Es tiempo de evaluar nuestras habilidades financieras enfocadas a la prevención del fraude a través de la lectura de los signos vitales de la organización.

Los delitos económicos no dan tregua y los perpetradores toman a diario ventaja de nuestras debilidades. Hoy más que siempre se requieren profesionales expertos con pensamiento holístico.

Marta Cadavid

 

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